martes, 11 de febrero de 2014

Yo También Lloro Por Miley



El otro día leía un artículo titulado “Lloro por Miley” (http://bit.ly/19WMSmW) y tocó un punto en el cual estoy profundamente de acuerdo. El caso de Miley Cyrus y su interpretación en MTV más que enfadarme o sonrojarme, me da ganas de llorar. Yo también lloro por Miley.

Me da ganas de llorar porque Miley no es más que un ejemplo de cómo está nuestra sociedad y de qué valores está enseñando a nuestros jóvenes. Pero lloro más profundamente porque éste no es más que otro caso de una chica que crece en una familia cristiana y acaba perdiendo el rumbo. Hace un tiempo ella afirmaba: 
“Yo soy muy espiritual a mi manera. Permíteme dejarlo claro, soy cristiana. Jesús es quién me salvó. Él es lo que me mantiene llena y completa.” 
¿Cómo una persona que afirmaba esto hace poco tiempo puede acabar así? Miley no es más que otro claro ejemplo de que estamos fallando como iglesias y como familias.

El cristianismo lleva las últimas décadas dando tumbos sin ser capaz de encontrar su lugar. Desde el siglo pasado, la revolución sexual y los últimos cambios sociales han tomado al cristianismo por sorpresa y lo han dejado completamente descolocado. ¿Herido de muerte? Nunca, pero urge que encontremos nuestro lugar. Miles de jóvenes se están perdiendo mientras nosotros seguimos discutiendo el sexo de los ángeles. La iglesia cristiana no se encuentra cómoda con la situación que le toca vivir hoy en día, pero siento deciros que es lo que tenemos y negarlo no nos ha hecho ningún bien. Aceptemos que las cosas han cambiado y volvámonos a centrar en Cristo.

Sigo llorando porque nuestros jóvenes creen que deben prostituir su imagen para tener éxito. Lloro porque no han entendido que ese agujero que tienen solo Dios lo puede llenar y no lo van a llenar exhibiéndose ni conquistando el mundo. Y lloro aún más fuerte porque si no lo han entendido ha sido todo culpa nuestra. ¿Cómo hemos podido fallar tanto? Sigo llorando porque cuando se le cuestiona a Miley por su actuación responde: 
“Mi actuación ha generado 306.000 tuits por minuto. Esto es más que un apagón o la Superbowl” 
a lo que yo sólo puedo contestar: “¿y?” ¿Todo ese deleznable espectáculo justificado en que tuvo mucha repercusión? No me lo puedo creer. En el fondo solo veo a una niña que se siente sola y que intenta llamar la atención ¿de sus padres, de Dios, de alguien que pueda rescatarla? No lo sé. Pero vuelve a resaltar que estamos fallando nuevamente. Nuestros hijos tienen que buscar fuera la atención que no encuentran en casa y nuestros jóvenes buscan la que no encuentran en sus iglesias. Volvemos a fallar en nuestro ministerio más importante, la familia. Nuestras iglesias siguen fallando y ahora solo nos queda llorar. Lloro por unas generaciones a las que no estamos siendo capaces de hacerles entender el mensaje de la cruz. A las que no estamos haciendo entender que todo lo que el mundo ofrece es vanidad. Lloro porque muchos con suerte encuentran a Jesús después de tener que recorrer un camino de mundanalidad ya que no han entendido que no es necesario probar el mundo para saber que Jesús es lo que necesitan. Miley disfraza su vacío con un traje de indiferencia. Y yo le pregunto: “Miley, ¿por qué sufres?” La vanidad ha inundado nuestro cristianismo light y ahora, viendo su actuación, solo puedo llorar.

Quiero terminar haciéndote una invitación, llora conmigo. Llora por cada uno de estos jóvenes que piden a gritos ayuda por medio de exhibicionismo, indiferencia, rebeldía o cualquier otro medio y que solo encuentran críticas y rechazo. Llora por cada uno de estos jóvenes que han confundido pecado con diversión. Llora por cada alma que se pierde mientras que nosotros nos pasamos el tiempo peleando y discutiendo por tonterías. “Jesús lloró”. Ahora bien, también recuerda que “el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría.” Llora conmigo mientras el sol no sale. Llora mientras la oscuridad reina en este mundo. Pero recuerda que el día se acerca. Así que cuando salga sol, deja de llorar. Cuando salga el sol dedica más tiempo a dar la atención a tus hijos que necesitan. Dedica más tiempo a ser un mejor padre, una mejor madre y sobretodo, una mejor iglesia. Cuando salga el sol deja de llorar y empieza a doblar tus rodillas en oración. Cuando salga el sol, deja de llorar y empieza a declarar victoria sobre tus hijos y sobre cada joven de esta generación. Porque puede que hayamos perdido nuestro rumbo como hijos de Dios, pero cuando salga sol nuestros ojos se volverán a fijar en Jesús. Nuestra boca volverá a proclamar la cruz. Nuestros brazos volverán a abrazar al necesitado. Nuestros oídos volverán a escuchar la voluntad de Dios. Nuestros pies volverán a caminar por el camino estrecho. Porque cuando salga el sol, nuestras vidas volverán a reflejar al Dios vivo y real, que aunque nosotros fallemos, Él aún nos ama y está dispuesto a darnos otra oportunidad. Cuando salga el sol, los muertos resucitarán, los ciegos verán y los cojos andarán. Cuando salga el sol…

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